CRÓNICA ROCK’N’ROLL MADRID 2018

CRÓNICA ROCK’N’ROLL MADRID 2018

 

John “Hannibal” Smith: “Me encanta que los planes salgan bien”.

Principios de diciembre de 2017: Agus, en uno de sus habituales arrebatos, y tras el rotundo éxito del maratón de Valencia, se viene arriba, y decide inscribirse al maratón de Madrid, el próximo 22 de abril de 2018, arrastrando consigo a sus dos más fieles compañeros de carreras. “Buah, más de 4 meses… esto lo preparo yo con la gorra… ahora a descansar unos días, mantener un poco la forma y en enero, después de las San Silvestres, nos ponemos en plan”.

Ahhh, qué felices se las prometía ese tal Agus… el resumen de los siguientes meses sería una cosa así: San Silvestre Orientadora de Gijón: Agus y Álex ganan la carrera en la categoría Popular (había que recordarlo!). Agus ya tiene un ligero dolor en la rodilla izquierda que según pasan los días no hace más que aumentar. Sin entrenar nada, corriendo un par de carreras casi por compromiso. A finales de enero no puede más, y le dicen que tiene condropatía rotuliana. La rótula se ha desplazado hacia fuera y se ha dedicado a desgastar el tendón rotuliano y a rozar contra todo lo rozable. Lo que se traduce en dolor. Dolor constante, no poder trotar ni 10 minutos… y unos crujidos muy desagradables y dolorosos que no le dejan ni estar sentado tranquilo en el trabajo. Y le dicen que el tema va para largo. Da totalmente por perdido el maratón de Madrid, por supuesto, y cualquier otra carrera de las que tanto le gustan: el Trail de Gijón, la Media de Pola de Siero, Babia, la Batallona… y puede que para siempre. A pesar de ello, hace todo lo que le dicen para intentar recuperarse: fortalecer cuádriceps, isquios, abdominales… ir aumentando distancia muy poco a poco, sin forzar nada, y sin cuestas… pero nada hace que mejore.

Mientras tanto, Álex, Cristian y el propio Agus llevan ya tiempo pensando y trabajando en lo que va a ser su nuevo equipo. Un equipo creado por ellos mismos. Y quieren darlo a conocer a lo grande, por supuesto… y ¿cuándo? Pues está claro. Los 3 están inscritos en el maratón de Madrid… así que el 22-A era el día señalado.

La mayor pena de Agus era no poder estar ese día ni siquiera en la salida. Pero…  unos pasos por el fisio y un par de inyecciones le hacen ver que los milagros existen y le hacen revivir… y la cosa comienza a mejorar clarísimamente. Sin ellas habría estado medio año tirado en el sofá sin hacer nada rezando porque el rotuliano se desinflamase solo (palabras del fisio) y la rótula se recolocara por sus propios medios, cosa que no parece que fuera a suceder.

A menos de 15 días del 22-A, Agus no podía ni correr 15 minutos, y todos los objetivos del año se habían ido al carajo. Pero ahora… viendo que una semana antes pudo trotar una hora y algo sin demasiadas molestias… e incluso hacer la carrera corta de Moal, al menos hay que estar en la salida. Luego ya, si hay dolor, retirada y tan feliz, con estar allí ya puede estar contento.

Y todo esto, similar, pero en lugar de una condropatía, con una periostitis, se puede aplicar a Álex. Con lo cual… 22 de ABRIL de 2018…se estrena JABATO VELOZ, y dos de tres llegamos sin poder entrenar, y el otro bastante presentable pero intentando recuperarse de un esguince de tobillo. La suerte está de nuestro lado, claramente.

Por eso, subrayo lo dicho por ese personaje de ficción a un puro pegado: “Me encanta que los planes salgan bien”.

21 de abril. Camino de Madrid, el vermutín en el Escorial no se perdona bajo ningún concepto. Pueblo en el que da gusto parar, guapo y con ambiente. Luego, gracias a la inestimable labor del GPS del móvil, tardamos una eternidad en llegar a Madrid, al empeñarse encarecidamente  en que no cogiéramos  la autopista. Y ya en Madrid… lo de siempre. Acojonao con el coche y respirando hondo al lograr llegar al parking, tras mil vueltas inútiles debidas en parte al GPS, en parte a los cortes de calles por el propio maratón, y tras ver como sobre todo los taxistas y los repartidores ven el doble de espacio entre coches del que tú ves. Qué tensión…

Sobresaltos aparte, a media tarde, ya estábamos en el Pabellón número 12 del IFEMA, en la Feria del corredor. Sonia recogió su dorsal y su bolsa de los 10km y yo lo equivalente del maratón. Y por fin, me junto con otro de los jabatos (Cristian, el del tobillo a medias). Esperamos allí un poco y llega la tercera pata del taburete (Álex, el de la periostitis). Nos hicimos por allí algunas buenas fotos, con nuestras novias, nos reímos… el ambiente era como si fuéramos superpreparados y nada pudiera fallar.

Promocionando el equipo, a lo Santiago Segura

 

Pero yo no dejaba de pensar: “Otra vez tío. El año pasado viniste después de 3 meses sin moverte, y sufriste más que un pastelero celíaco, y este año… después de 3 meses y pico y encima lesionao. ¡Y estás tan tranquilo y tan sonriente! ¡Estás completamente loco! Y además estás convencido de que la vas a acabar. Pues ya me dirás cómo, majete…”

La única forma que tenemos de tocar un podio…

El resto del día pasa sin mucho más que decir. Yo comento: “Pues, si un día se puede hacer, es hoy: salgamos de fiesta. Total, a mí no me va a afectar, mi rendimiento mañana va a ser nulo de todas todas”. Pero nada, no cuaja. El resto de gallinas… digooooo, de jabatos, declinan la oferta y deciden que quieren dormir algo. “Bah…”

Pues na. Cena de rigor en la Plaza San Miguel. Huevos revueltos con jamón y patatas fritas, y su cervecina pa empujar. “Mañana vuelo”.

Y sí!! Aunque parezca increíble… dormí algo!! Nada que ver con el hotel del año pasao. Menuda jungla aquel. Me despierto totalmente on fire y activo. Desayuno un plátano (ya es mucho pa mí), y Sonia y yo vamos al punto pactado donde quedamos con Cristian. Cogemos el metro y nos plantamos en la salida de los 10 km donde participa Sonia, que ya toma nuestras grandes costumbres: sin entrenar prácticamente nada, allí se planta, confiando en que la música del MP3 de Cristian (discoteca pura, yo estaba por pedir un cubata) le eche una mano. Y toca su salida!! Los vemos irse y Cristian y yo enfilamos Castellana abajo para ir a nuestra salida media hora más tarde, previo paso por el guardarropa para que Cristian deje su mochila y previa recogida de Álex en otro punto estratégico.

Álex estaba allí, puntual como un reloj, pero… nosotros no solemos llegar sobrados a la salida de una carrera, figura en nuestros estatutos, y esta vez no iba a ser una excepción. Por megafonía anuncian que el guardarropa está instalado en la zona de meta, no en la de salida, es decir, a un par de km de distancia. Y ahora qué? No es plan meterse 4 km en tensión antes de un maratón, así que… tras buscar un bar e incluso pensar en llevar la mochila durante la carrera (yo antes le prendo fuego), Cristian termina dejándola en parking detrás de un coche cualquiera (¡lo cojonudo es que a la vuelta allí estaba!).

Total que llegan las 9:05 y aunque por poco, allí estábamos, los tres una vez más, nerviosillos pero contentos como nenos pequeños, sin dejar ver a los demás las dudas que los 3 teníamos (aunque los 3 sabíamos que fuera como fuera, se iba a llegar). Yo miro hacia abajo y controlo que mis “suplentes” estén preparados, ya que hoy ya salen titulares, desde el inicio (el que no sepa de lo que hablo, que se lea mi crónica del año pasado…si me la pide le paso el enlace). Y como no, videos haciendo el tonto, fotos, y, por segundo año consecutivo para dos de nosotros… arranca el Rock’n’Roll Madrid Maratón, con un ambientazo descomunal!

El ritmo de salida es lento. “Mejor, falta me va a hacer que esto no se dispare”. En torno al km 6, dando la vuelta en las 4 torres de Madrid, ya vamos empezando a sudar, y comentamos que vamos a pasar calor calor, y que las sensaciones no son las mejores. Aunque normal, en nuestro estado de forma ir con buenas sensaciones significa que estás rematadamente loco. Al menos somos conscientes de nuestras limitaciones, aunque nos las pasemos un poco por el arco del triunfo. Cristian sigue grabando videos y vamos dejando pasar el tiempo, pero poco a poco vamos cogiendo algo de velocidad, casi sin darnos cuenta. Gran error. Pienso en si Sonia terminaría los 10 km. La verdad es que, conociéndola, lo veo difícil.

Los avituallamientos están siendo lamentables: pasábamos por delante y por detrás de las mesas, en algunos no había gente suficiente, nosotros teníamos que pararnos a sacar las botellas de los plásticos… que no somos unos remilgados, pero normal no es.

Desde la salida vamos viendo voluntarios en patines con vaselina, que más adelante cambiarían por Reflex de marca blanca. Que digo yo que hay que tener huevos a meterse en patines entre tantos miles de personas haciendo como que corren. Si me pongo yo, que se preparen, que comienza la partida de bolos: 10 van abajo ya de primeras. Y tirada extra!

Seguimos en torno al km 15 aun hablando entre los 3, aunque yo no me encuentro muy allá. Vamos jugando al baloncesto, como el año pasado. Este año mejoré: clavé un triple con un bote de powerade por encima de la gente desde el medio de la calle. Se escuchó hasta la celebración. Tras semejante actuación, ya tengo un par de ofertas de la NBA sobre la mesa para la próxima temporada. Pero na, no me tiran los anillos, mejor seguiré corriendo.

En el km 17 nos separábamos las dos carreras: la media maratón seguía de frente camino de su meta, y nosotros nos desviábamos hacia la derecha. Aplausos mutuos, como es tradición, en esos casos la deportividad es absoluta. Para mí suele ser de las mejores partes en estas carreras. Te hacen sentirte importante por tirarte a la grande, pero en cuanto cesan los aplausos y veis que quedáis menos de la mitad en carrera, y que de repente hay mucho más silencio… lo que te sientes es tonto. Tonto y loco. Pero no hay marcha atrás, y por suerte, allí estaban los bomberos para pegarnos cuatro voces y animarnos!

Km 21. Seguimos con buen ambiente entre nosotros, pero a Álex ya se le ve regular y a mí las piernas ya me están preguntando que hasta dónde pienso llegar. No lo ven claro, y yo lo único que veo claro es que si los calambres del año pasado fueron brutales, este año van a ser de ambulancia. Cristian sigue con su eterna sonrisa y en visible mejor estado que nosotros dos. Pero no quiere dejarnos atrás. Vemos por primera vez a Laura que nos tira unas fotos, y bajamos de frente a un lugar que el año pasado me dio escalofríos puros: la Puerta del Sol. Todo el mundo encima nuestro, gritando como locos, en plan Tour de Francia subiendo el Alpe d’Huez… fue brutal. Me preparo para volver a disfrutarlo y… nada. Se lo han cargado. Han vallado toda la plaza y no dejan a la gente echársenos encima. ¡Qué desilusión!

Cruzando el arco que marca la mitad de carrera

Seguimos camino del Palacio Real. Yo llevo toda la carrera comiendo dátiles y orejones, fiel a mis costumbres siempre. Geles y esas historias, cuanto menos mejor. En el Palacio Real paramos donde de nuevo está Laura. Me viene bien parar. Las piernas están pidiendo el relevo y amenazando calambres claramente. Pero hay que seguir. Pillamos una buena cuesta frente al Templo de Debod, donde la gente empieza a sufrir de lo lindo, muchos de ellos ya caminando. Nosotros ya deberíamos habernos puesto a caminar hace un rato, pero somos así. Si yo subo regular, Álex tiene pinta de ir peor… y faltan nada menos que 16 kilometrazos…. Hay que parar si queremos llegar, así que hablamos de que es momento de ponerse a caminar un rato. Lo hacemos en una bajada que nos encontramos, aprovechando para “cambiar el líquido de frenos” en unos arbustos. Al echar a trotar otra vez… ves que va a ser duro duro… pero no hay rastro del dolor de la lesión de rodilla. Es lo único importante, el resto ya lo pongo yo y “mis suplentes”, que en breves van a tener que ponerse serios.

Poniendo cara como de que vamos bien…

Y entramos en la Casa de Campo. Donde el año pasado comprobé como un maratón puede hacerse más largo de un rollo de Scottex. Aquí ya caminamos de vez en cuando, nosotros y todo el mundo alrededor. Yo mejoro algo así, pero cada vez que nos ponemos a trotar de nuevo, los dolores en las piernas son de casi casi cerrar los ojos. Y faltan más de 12 km. Intento que mi cara al menos disimule, y aunque voy fundido, aún tengo tiempo para reírme, chiscar con el agua y para hacer el mongol para los videos de Cristian, que va sobrao totalmente, viendo como sus dos colegas vuelven a bajar descaradamente su nivel una vez más. Álex ya va también con problemas de calambres. En este tramo hay mucha gente parada totalmente e incluso tirada por los suelos. El calor hace mella, aunque para mí, se soporta mejor que el año pasado.

En torno al km 30-31, al fin convencemos a Cristian de que tire hace delante, que nosotros vamos rotos. Como nos conoce bien, sabe que nos vamos a agarrar con uñas y dientes a cualquier gramo de fuerza para llegar, así que se va tranquilo a disfrutar de los últimos 10-11 km. Se lo ganó. Aunque antes de dejarle irse ya comento “vosotros haced lo que queráis, pero yo, el año que viene vuelvo. Hasta que no consiga entrenar decentemente un año y no venir aquí a arrastrarme como un perro, no pararé”. Así pues, ya puedo pedir vacaciones en el trabajo para el 28 de abril de 2019.

Mientras tanto, yo voy algo mejor, muy mal de piernas, pa echarse a llorar, pero al ir caminando a ratos, las amenazas de calambres ya no están, y mi principal preocupación es ver que Álex va totalmente al límite. De ahora en adelante ya es cosa suya: cuando él diga se camina y cuando él diga, se corre.

Y ya está, me dedico a soportar mis dolores como buenamente puedo y a intentar decir cosas para distraerle, pero es complicado cuando también vas cerca del límite.

Estos kilómetros finales son eternos y nos caen minutos encima como cuando te pones a dormir la siesta en el sofá, roncando y cayéndote la baba. Se te va media tarde. Pues parecido. Nos adelante una ambulancia a todo trapo. Tristemente, los hay peor que nosotros. Pero vamos a volver a lograrlo, una vez más, sin entrenar, volveremos a cruzar la meta de un maratón, cosa que hacía dos meses pensé que se había terminado para siempre.

Cruzamos el km 40. La gente sigue volcada animándonos. Yo ya huelo la meta y estoy todo lo decente que se puede estar. Álex ya solo mira al suelo, característico en él cuando las piernas van por inercia y la cabeza va sin pensar en nada más que acabar con esa tortura, pero sin llegar a pensar en rendirse en ningún momento. En ese aspecto, somos hermanos gemelos.

Nos dicen por un altavoz: “Álex, Agus… cuántas veces habéis corrido juntos dos km? Miles de veces! Pues es lo que os queda, lo tenéis ahí!” Se agradecen ese tipo de ánimos. Lo tenemos prácticamente hecho…

Pero aquí no se puede decir nada… queda menos de 1 km, yo ya no estoy pensando en nada, solo estoy emocionado como si fueran a llegar los Reyes Magos, y de repente… TRASSSSS!!! Álex grita detrás de mí, calambrazo como el que casi me tumba a mí en la última curva del maratón de Valencia. No se lo permití aquel día y Álex, por supuesto, hoy tampoco lo hará. Se para, estirando como puede, gente viene a echarnos una mano… y claro está, cojo, pero se sigue! Y al poco enfilamos la recta de meta. Esa laaaaaaarga recta de meta de más de medio km. A los que somos de lágrima fácil ya empieza a cerrársenos la garganta, y se empieza a carraspear para disimular ante tu propio cuerpo. Pero esta vez resistí, no lloré. Entre otras cosas porque no estoy orgulloso de haber vuelto a hacer esto sin entrenar. No puede uno llorar cuando no se ha esforzado para llegar hasta aquí. Las lágrimas las dejo para el año que viene.

Disfrutamos de ese final de la recta, posando para las fotos y dejando alguna para el recuerdo, como esta, en la que parece que ni siquiera habíamos sufrido.

Misión cumplida!!!

Estas cosas hacen que se te olvidé lo mal que acabas de pasarlo. 4h45’. Casi nada. 40 minutos más lento que el año pasado, y más de 1 hora más lento que mi mejor maratón.

Y ya me encuentro por fin con Sonia, y me entero de que consiguió finalizar los 10 km! Dejándome mal, por creer que no iba a ser capaz, así me gusta!! Cristian ya recuperó su mochila, le dio tiempo a todo ya, nos sacó finalmente una semana y media en meta. Fotos de recuerdo, y charlas y bromas de las que, esta vez sí,  puedo disfrutar. El año pasado lo único que podía hacer era sobrevivir.

Triunfo absoluto!!!

Después, como no, para poner el broche final, otra fartura de las potentes, con Sonia, Camy, Cristian, Mircea y Nicole, que además cumplía años. Una paella espectacular, y otro año más, en el Buscón de Quevedo. Soberbio sitio para comer, en pleno centro de Madrid.

Muy contento porque no quería empañar el debut de Jabato Veloz con una retirada, y finalmente conseguimos llegar los tres a meta. Muy contento por Sonia, seguro que esto le hace animarse para seguir haciendo deporte, y animarse un poco en todos los sentidos. Y muy contento por mi lesión, veo que al menos me va a dejar seguir poniendo dorsales y disfrutar de días tan brutales como estos, en compañía de tan buenísima gente. Babia, Batallona, Samuño… os daba por perdidas, pero creo que, aunque físicamente limitado, volveré a estar presente!!

Todos demacrados, pero felices!

Así que, a modo de gran final (que ya tendréis ganas), solo puedo decir, y esta vez totalmente en serio, que, a pesar de todas los problemas previos, el sufrimiento durante la propia carrera y demás impedimentos… “Me encanta que los planes salgan bien”.

 

MADRID… ten por seguro que en 2019 no solo seguirás sin conseguir tumbarme, si no que seré yo quien lo haga contigo!!!

Y atención al modo visual de la crónica!! Avisamos que algunas de las imágenes pueden herir su sensibilidad!!

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