CRÓNICA MARATHÓN DES VINS DE BLAYE 2019 (AGUS)

Año 50 a. de C. Ciudadela de Blaye, departamento de Gironda, región de Nueva Aquitania, Francia.

– ¡Centurión! ¡Nos atacan!Los miembros de la 1ª Legión, 3ª Cohorte, 2ª Manípula, 1ª Centuria (véase “Astérix legionario”) estábamos practicando la formación en tortuga en el patio de maniobras, y el centinela ha visto a lo lejos acercarse corriendo a 2 personajes muy peculiares.
– ¡A las armas! ¡Todos en guardia!
– No se preocupe Centurión, no se les ve tan peligrosos. Deben ser hispanos, concretamente del Reino de Asturias, porque acaban todas las palabras en “u”, y las frases en “ho”. Pero mire que espectáculo… uno viene corriendo abrazado a una botella de vino y no para de repetir “qué rico chico”, y el otro le corresponde gritando “ouuuuyeah”. Y mire sus cabezas… ¡parecen cabezas de jabalí!
– Locos…
– Ahora se dirigen a nosotros diciendo no sé qué de una meta, una medalla y un plato de ostras…
– ¡Échadles a patadas!
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– ¡NOOOOO! ¡Quiero mi medalla! ¡Es mía! ¡NOOOOooooo…!
– ¡Agus! ¡Despierta tío! ¡Casi empotras el coche contra una pilastra de la ciudadela! ¿Y qué coño gritas, qué ibas pensando tío? ¡Fíjate ho!

Año 2019 d. de C. Ciudadela de Blaye, departamento de Gironda, región de Nueva Aquitania, Francia.

Levanto la vista sudando y agitado. La imaginación ya estaba haciendo de las suyas. Entre ella y los nervios poco más y hacemos un crucero por el Garona, pero privado y de gratis. Menos mal que no ha sido así. Moriríamos contaminados antes casi de llegar a tocar el “agua”… Es un río, así como el Piles, pero sucio.

Barajamos varias opciones de carreras para estas fechas: maratón de Helsinki, maratón de Copenhage, maratón de montaña de Montserrat… pero apenas 2 semanas después del maratón de Madrid, primaba no pegarse otro palizón y sobre todo… la juerga!!!Así que, a 40 minutos en coche desde Burdeos, esta es nuestra elección para la locura de 2019: Le Marathon des Vins de Blaye. Resumen: 42,195 km probando los diferentes vinos de los mejores châteaux (bodegas) de la zona y comiendo hasta reventar.

Venimos directos desde Asturias, después de pasar por la cuadra que alquilamos en Burdeos para dormir estos días. Quizá decir “cuadra” sea algo despectivo… para las cuadras, claro. Las hay mucho más limpias y acogedoras. Dejémoslo en “pesebre”. Es viernes 10 de mayo, y la carrera es mañana a las 9:00. No hemos visto un coche español desde casi la frontera, pero bueno, siempre hay alguno, ¿verdad? Pues no. Miramos el listado enterito tanto del maratón como de los 10 km, y solo figuran 2 sujetos con nombre español y 2 apellidos: la “Pulga” y “Mr. Sprint”. Cristian y Agus, listos nuevamente, que llevamos ya varios días a medias de comer para aprovechar bien la inscripción…

Con el dorsal nos dan ya una mochila muy guapa, un gel, una caja con 2 botellas de vino… buen montaje el que tienen en esta ciudadela, que no es romana como yo me imaginaba en mis pensamientos, si no muchísimo más reciente, ya que se construyó en el siglo XVII, entre los años 1685 y 1689. Junto con el Fort Pâté y el Fort du Médoc, forman un complejo defensivo creado para proteger la entrada en el estuario de Gironda.

Tras la recogidé de les dorsalé… nos damos una vuelta por Burdeos, y a descansar. Al día siguiente, antes de las 8:00 ya estamos nuevamente aparcados frente a los muros de la ciudadela, en posición de ataque. Y comenzamos a ver disfraces de todo tipo: tartas, romanos, vacas, marineros, gente en grupos variopintos, princesitas, superhéroes, un Jesucristo, conejitas playboy de dudoso atractivo… y 2 jabalíes de igualmente dudoso atractivo.

Preparamos todo. Parece que va a hacer buen tiempo, así que nada, ni manguitos ni chubasquero ni nada… pero minutos antes del comienzo… el cielo se oscurece y comienza a orbayar… “na, pero poca cosa. Seguimos el plan”. 10 minutos antes de la salida, las gotas comienzan a ser consistentes. Nos miramos… “mmmm… ¿abrirá esto?”. Nos metemos en el coche a resguardarnos. Decidimos que a 3 minutos de las 9:00 hay que salir del coche, o ya no llegamos a la salida… agarramos la manilla de la puerta… y el cielo se desploma sobre nuestras cabezas!!! La tormenta perfecta!!!A cubaos!!!Pero nada, hay que salir ya!!! Con un par, ni chubasqueros ni nada de nada, cara o cruz! Cruzamos el puente de entrada la ciudadela cogiendo la mojadura del siglo y pensando: madre de Dios, como estemos 6 horas así… vamos hasta a encoger. La gente atechada, pero el ambiente es espectacular.

Salimos totalmente a cola, y en apenas 1 km, casi para de llover del todo. Ha sido solo por joder, por calarnos hasta los huesos. Por primera vez en la historia, son Astérix y Obélix los que corren delante de los jabalíes.

Los primeros kilómetros transcurren entre muchas risas, aunque de poco nos enteramos… incomprensiblemente, los franceses se empeñan en hablar demasiado francés. Vamos a trote, sin apurarnos, esperando a que comiencen a llegar los avituallamientos, los cuales no se hacen esperar mucho. Llegamos al primero babándonos ya de ansia de probar todas las joyas gastronómicas de la zona… y nos llevamos un buen chasco. Unos orejones, unos frutos secos y galletitas… y agua. ¡Agua, por Dios, agua! ¡Qué vergüenza!

A todo esto, va dejando poco a poco de llover, aunque intermitentemente aún nos mojamos un poco. Estamos en una zona de repechos en la que si este llega a ser un maratón normal, de ir a buscar un buen tiempo… ya te darías cuenta que puedes irte olivando de ello y centrarte solo en sobrevivir. Y en nada llega el siguiente avituallamiento. Y aquí, ya sí, nos toca degustar el primer vino del recorrido.¡Poción mágica para darnos energía! Y enseguida otro avituallamiento con vino, y otro, con tinto, blanco y rosado e incluso copas de cristal… ¡como ricos! Las risas generales empiezan a aflorar con más facilidad. Y la comida que nos van poniendo, también. Poco a poco, sin avisar, va aumentando en nivel. De los orejones iniciales ya empezamos a ver trocitos de empanada, de queso…

Ya ha dejado de llover. Definitivamente. Aunque al menos internamente, nos mojamos todo el tiempo. Y vinito tras vinito, la juerga aumenta. La gente agarrada bailando en los avituallamientos. Ya nos arrancamos hasta a hablar en francés, aunque tras varios vinos, yo estaba ya perfectamente capacitado para hablar incluso en polaco, de ser necesario. ¡Paquito el chocolatero en Francia! Sentados en el suelo pasando a la gente por encima de las cabezas hacia atrás… Y mientras… hay que saltarse algún vino, porque el plan inicial es pasarlo bien y sobrevivir al día, y a este ritmo, las 2 cosas no van a poder ser; la variedad de quesos ya es inabarcable; gente que pone un puesto delante de su casa para darnos a probar sus bizcochos caseros, algunos de los cuales estaban tremendos (¡uno incluía hasta bacon!); incluso, en un avituallamiento, plancha con un revuelto de champiñones por un lado, huevos por otro, y al momento, tortilla calentita con un vaso de cerveza. ¡Épico! Todo esto, rodando y disfrutando por carreteras secundarias, praderas, entre viñedos, viñedos y más viñedos, bodegas enormes, caserones, propiedades espectaculares que solo se ven en las películas o en el Monopoly.

La culminación ya llegó cuando nos comienza a llegar desde lejos ese olor que tanto nos encanta… olor a parrilla!!! Nos miramos… ¿puede ser verdad? Vino, y para acompañar… panceta, chorizo, carne de varios tipos… al medio kilómetro bizcochos y patés… y más vino!

Y luego, pollo a la parrilla, cosas que no sabes ni que son y, cómo no… tardan pero llegan las estrellas indiscutibles de la carrera… no, hombre no, los de Jabato Veloz no ho, me refiero a… las ostras! Sin medida, a granel, coge 1 o 27. Buffet libre!!

A todo esto, como ya he dicho, si la carrera llega a ser para ir de verdad a disputarla… mucho cuidado… terreno muy duro, muchos repechos. De las de activar el modo supervivencia en el km 20.

Cada nuevo avituallamiento (habría entre 25 y 30, sin exagerar) es una fiesta. Grupos de música amenizan nuestro paso, ya bastante ameno de por sí. Aplaudimos a los niños, les chocamos las pezuñas de los gorros-jabalí… saludamos a una niña en una ventana también con una pezuña… pensamos “mira la nena, ahora irá a decirle a la madre: mamá mamá, 2 jabalíes coguiendo en la caguetegá…” cuando lo que de verdad hizo la nena fue decir “mamá mamá, acaban de pasagg dos idiotas espagnoles coguiendo con un gogó de cegdó en la cabesá! ¡Qué tontós!”

Oh la lá! Mondieu! Cabgón! Du vvvinnnn!!! Megsi! Plus tard! Ya casi hemos olvidado como se habla en español. Escuchamos mil veces “Sanglier, sanglier”… los gorros triunfan!!

Leyendo todo esto, parece que podemos ser las estrellas del próximo capítulo del famoso programa de viajes “Asturianos faciendo’l pijo pol mundo”. Sí, pero no. Parece que todo es fiesta y paseo… y sí, pero no. Aunque de pachanga, esto hay que correrlo. Las piernas empiezan a pesar en torno al km 30. Vemos gente que ya tiene que ir parando a vomitar. Todos hemos comido mucho más de lo debido. Nosotros aguantamos, pero el cuerpo comienza a pesar como si lleváramos un menhir a la espalda. En el km 34 también yo siento realmente ganas de vomitar. Llevo el estómago como una auténtica hormigonera. Con lo cual, decidimos que ya no se para hasta meta. Aún quedan avituallamientos, pero una ostra más y echamos fuera hasta el desayuno.

Poco a poco… esto se acaba. Llegamos nuevamente hasta la Ciudadela. La rodeamos, grabándolo todo en video, para la eternidad. Entramos en el complejo amurallado hablando en español, y la gente nos anima igualmente con las 1 o 2 palabras que sabrán en español, y eso es de agradecer. Enfocamos la recta de meta, cuesta arriba, bastante griterío de gente, y nuestro también: “Borgoña que jroña, qué pasa que aquí no hay postre???” Y… meta de mi noveno maratón! Alrededor de 5h30′. Esquivamos hábilmente al speaker que está entrevistando a gente (menudo ridículo si nos toca) y al momento nos dan la medalla y una botella de vino de litro y medio, por si habíamos tenido poco!

Y acto seguido… plato de pechuga, bolsa de patatas fritas, otro platao de ostras hasta arriba, más vino si quieres, agua… vamos, de lujo, de auténtico lujo.

Pero aún no termina esto. Pasamos el día conociendo la zona, levantando las manos sumisamente y entregando directamente la cartera al ir a tomar algo en los bares por la zona, y además de noche… tenemos la Entrecôte party: un pabellón con capacidad como para 300 personas donde nos pusieron a todos los corredores picoteo y más y más ostras… cajas y cajas de ostras… que no duran nada. Yo creo que alguno las come con cáscara y todo. Primer plato y entrecot para terminar, con música, buen rollo y cachondeo.

Este es el Marathon des Vins de Blaye. Desde luego, no tendríamos ningún problema en repetir. Vive La France!!

CONCLUSIONES:
– Por 45€ todo lo mencionado en carrera: mil avituallamientos variados, comida post carrera, una mochila, 3 botellas de vino, una de ellas enorme. Vamos, un regalo.
– Fiasco absoluto haber elegido alojarnos esos días en Burdeos. Éxito total habernos decantado por esta carrera. Para volver una y mil veces, mucho mejor en grupo, a disfrutar y reírse como niños pequeños.
– Tras 8 maratones a cual más sufrido, llegó este número 9 mucho más relajado. Pero no es bueno acomodarse y ya estoy inscrito al que será el número 10, aunque ya será para 2020, y allí intentaré mejorar la basura de Mejor Marca Personal que tengo ahora mismo. Qué tiempos aquellos en los que nunca pensé que estuviera capacitado ni siquiera para correr una triste San Silvestre…
– Si alguien ha leído los cómics de Astérix y Obélix, verá reseñas constantes en esta crónica. Colaboraron en gran medida en mi infancia. Estando en Francia, y hablando de jabalíes… era obligatorio hacerles mi pequeño homenaje.
– En los Pirineos los días posteriores a este maratón compensamos con creces la mala elección del alojamiento de Burdeos…. Apartamento de lujo, rutas por la falda del Monte Perdido, comidas espectaculares en un bonito pueblo medieval… pero eso fue otra historia, para el que quiera vivirlo… que se anime al próximo viaje!!!

Ahora ya enfocamos la mejor parte del año… Babia Sherpa Tour, La Batallona, la Mudrera, en septiembre ya el Trail Valle de Samuño… mmmm, me babo, qué rico chico… vamos a por todas ellas un año más!!!

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